Otra ACTRIZ en paro...

Pienso, luego escribo.

Estoy en paro y tengo mucho tiempo libre y, cuando tengo tiempo libre, pienso. Tanto que a veces necesito sacar pensamientos de mi cabeza para hacer hueco. Y aquí os los dejo.

¿Me gusta ser mujer?

Escrito por otractrizenparo 07-11-2017 en mujer. Comentarios (0)

Me gusta ser mujer porque me gusta ser, me gusta ser la mujer que soy, en términos generales, porque me gusta ser la persona que soy. Pero, hablando claro, ser mujer es una putada. Y la (y sobretodo, el) que diga que no, miente.

La sociedad nos va llevando a todas por un camino que, quien más quien menos, seguimos. Algunas cuestionándonos, otras sin siquiera planteárselo. Hay quien lucha y consigue salirse en los desvíos que van apareciendo o que puede coger la dirección contraria, otras nos pasamos al carril de fuera pero vamos en el sentido de la marcha. Es triste, pero es así. O así es cómo yo lo siento, al menos.

De pequeña me vistieron de rosa, me hicieron agujeros en las orejas para los pendientes, me llamaron bonita y me inculcaron lo importante que era seguir siéndolo, me pusieron vestidos floreados en lugar de dejarme disfrutar de la fiesta con unos pantalones y unos tenis. Me hablaron muy pronto de la relación entre la comida y el peso. En clase de ballet, con 7 años, me sacaron el bocadillo y me dijeron que comiese sólo el yogur. Los niños me levantaron las faldas y no siempre me enfadaron por ello. Estuve en la lista de 'la más guapa de clase' y también en la de 'la más puta de clase' cuando tenía 13 años y sólo me había besado con un chico en toda mi vida. Me tocaron el culo sin habérmelo pedido, me llamaron zorra por no querer enrollarme con un chico, me hicieron bulling cuando el chico guay de la clase se fijó en mí. Me gritaron, me siguieron al cuarto de baño, me arrinconaron contra la pared para intentar besarme (alguna vez me dejé), me llamaron por teléfono insistentemente, me acompañaron a casa en contra de mi voluntad. Una vez, dos chicos hablaron de a ver cuál de los dos acababa conmigo, hicieron una apuesta y uno de ellos ganó un cubata. Me criticaron por ir vestida muy provocativa y también por ir vestida muy monja. Un novio que tuve inició una pelea con un chico que se me presentó y me dio dos besos con la hermosa frase 'déjala, es mía'. Me dijeron incontables veces lo que había engordado y/o adelgazado sin que yo lo preguntase. He sido objetivo de la poesía callejera: 'eh, tú, guapa, que no me entere yo de que ese culo pasa hambre, que tengo aquí un chorizo...'. Y así hasta el infinito y más allá. Hasta el coño, vaya. 

Este tipo de cosas las hemos sufrido prácticamente todas en nuestra infancia y adolescencia. En nuestra vida. Y es grave, y mucho. Pero hay cosas peores...

Cuando tenía unos 8 años, un vecino cincuentón me metió en su garaje para tocarme, a mí y a otra niña del barrio. Varias veces. No sabíamos qué estaba ocurriendo. Francamente, no sé si lo disfrutábamos o nos causaba curiosidad, no lo sé... Pero volvíamos a entrar sin rechistar. Un día nos intentamos hacérselo nosotras a una niña más pequeña y ella se echó a llorar. Nosotras también. Esa noche lo contamos. Sabes qué pasó? Nada.

Cuando iba en 3º de ESO, un chico 5 años mayor que yo y que debía pesar el doble me abofeteó a la salida del colegio hasta tirarme al suelo y dejarme la cara marcada. Nadie hizo nada durante los 10 primeros bofetones. Después, un compañero me defendió y me llevó a secretaría, donde esperé hasta que el susodicho fue. Me fui a casa acompañada de un profe y me senté en la alfombra del pasillo a llorar y llorar y llorar. Me dolía la cara, mucho, pero no era lo que más me dolía. Estuve ahí sentada casi dos horas, hasta que mi madre llegó de trabajar. Alucinó. Y, sobre todo, siendo la jabata que es ella, alucinó con que no me defendiese. Sabes qué pasó? Tampoco nada. Bueno, sí, que estuve unos días sin ir al cole, que me daba miedo ir sola por la calle los primeros meses, que tuve pesadillas y que fui por primera vez a un psicólogo. Ah, y que ahora pienso en 3º de la ESO y juro que no soy capaz de acordarme de nada desde aquel viernes 13 de Octubre.

Con 19 años tuve un novio del que me enamoré tan perdidamente que estuve a punto de perderme del todo, pero de verdad, sin exageraciones ni paños calientes. Creo que nadie me quiso tanto ni tan mal como él. Era una persona absolutamente enferma de muchas cosas. Me gritaba, me tiraba cosas, me amenazaba, me empujaba, me golpeaba, ... Pegaba puñetazos a las paredes, rompía retrovisores de coches, tiraba motos al suelo. Me metía (literalmente) en su coche y lo conducía borracho. Luego lloraba, pedía perdón, me juraba que me amaba, hablábamos de nuestro futuro. Yo podía estar horas en su portal esperando a que se despertase por mi absoluta incapacidad para hacer nada sin su opinión. Podía pasarme la tarde abrazándolo y besándolo o mirándolo dormir. Era absolutamente enfermizo. Estuve casi tres años con él y dejé de correrme cuando llevábamos 9 meses. Sentía la mezcla perfecta entre amor y miedo. Pero prometo que estaba totalmente ciega, que recuerdo perfectamente el momento exacto en el que supe que eso no podía seguir así, como si fuese ayer, recuerdo dónde y con quién estaba y recuerdo por qué tomé la decisión de acabar con ello. Tiempo después me fui recuperando pero siempre he llevado conmigo una dosis de responsabilidad de la que no he podido despojarme todavía. Culpa no, pero responsabilidad si. No puedo evitarlo y me jode una barbaridad.


Tengo 30 años y todavía hago que hablo por teléfono con mi padre a veces cuando voy sola por la calle. Sigo siendo una oveja del rebaño que aguanta el dolor de pies de unos tacones ante ciertas situaciones, que se depila y se pone a dieta cada lunes. Pero lo hago cagándome en todo lo cagable. Siento que cada vez soy más consciente de lo que ocurre a mi alrededor y eso me gusta, siento que a veces tengo el control, que he aprendido de ciertas experiencias. Pero también me siento pequeña a veces, ninguneada, vacilada y asustada. El machismo nos ha destrozado y sigue haciéndolo. Es absolutamente desolador. Desde pequeñas, en nuestras casas, en el cole, en la calle, en la universidad, en el trabajo, en los bares, en la playa... Sigue habiendo hombres que nos consideran de su propiedad, inferiores, cuestionables. Y, lo peor y lo que más duele, sigue habiendo mujeres que se auto-consideran así.

Y, en realidad, tengo una madre y un padre feministas, desde pequeña les he visto colaborar en casa a los dos por igual. Ambos se quieren mucho y bien y nos han querido mucho y bien a mí y a mi hermano. Me compraron el pantalón del uniforme del cole cuando me harté de ir en falda, era la niña que más veces iba el chándal a clase, me apuntaron a futbol, a teatro, a costura, a patinaje, a dibujo, a hockey... Me transmitieron cantidad de valores que llevo por bandera y por los que les estoy profundamente agradecida. Pero, pobres, vienen de una aldea remota de Galicia y nacieron en la década de los sesenta, ¡hay tantas cosas que no han podido evitar! Hay tantas cosas que no sé si yo puedo/podré evitar...


Me encuentro con el machismo de frente cada día de mi vida, desde que me levanto, en los medios de comunicación, en la gente, en el supermercado, ... en mi trabajo.


Dos veces me dijeron que nunca podría ser 'la protagonista'. Una vez porque me consideraban muy masculina, otra vez porque estaba gorda. Tengo un físico estupendo para la vida pero complicado para mi profesión. No hay muchas actrices de 30 años que midan 1,63 y pesen 70 kg. Debo ser un especímen raro incluso como mujer normal que vive en el mundo, porque, desde luego, lo que no hay así son personajes. Esto generalizando mucho y yéndonos a un ámbito muy concreto que nada tiene que ver con la Televisión de Galicia, por ejemplo. Es algo concreto y que me afecta por mí metabolismo y mi constitución física, evidentemente, pero no deja de estar relacionado con los putos estereotipos atribuidos a las mujeres. Los personajes femeninos siempre dependen de los personajes masculinos, casi nunca tienen historias propias e interesantes, y, por supuesto, han de estar siempre ideales, bonitas, maquilladitas, delgaditas, sin celulitis, sin pelos... Hasta el coño también.


Y luego veo la publicidad televisiva y me dan ganas de vomitar. 'Me gusta ser mujer' decían en un anuncio de compresas muy famoso. Claro, es que sangrar 4 días (con suerte) al mes, pasar mareos y dolores de ovarios y viajar en una montaña rusa emocional permanente es súper bonito y agradable.

¿Que si me gusta ser mujer? Pues si, supongo que si. Y si me gusta ser mujer es porque así puedo entender mejor qué pasa, porque las cosas se entienden mejor cuando las vives. Prefiero ser mujer porque no puedo estar segura de qué tipo de hombre sería, si fuese uno. Ante la duda de haber podido nacer hombre-no-feminista, mejor así.


Mi ciudad, Santiago.

Escrito por otractrizenparo 06-11-2017 en santiago. Comentarios (0)


Soy una coruñesa enamorada de Santiago de Compostela. Aquí vivo, y ya no me imagino viviendo en ningún otro sitio.

'La ciudad de la lluvia', me decían. Preciosa cuando sus adoquines mojados reflejan las luces del día o de la noche. Y es que es bonita, Santiago... Hasta la (puta) sequía le sienta bien.

Me encanta pasear su zona vieja y cambiar de mundo al llegar a la nueva. Me encantan sus aceras cubiertas de otoño, sus parques silenciosos, la inmensidad de sus plazas.

Las vecinas y los vecinos en sus negocios locales. Pan, huevos, frutas y verduras 'de casa'. Pulpo a la plancha, zamburiñas, rape, navajas o canelón de calabacín relleno de quinoa con verduritas. Tortilla de Moha, setas Río Bravo o berenjena de
Ts-ACasa. Amo comer, amo comer en Santiago.

Me encanta oír nuestro gallego en sus calles y también el inglés, el italiano y hasta el francés al doblar la esquina. Me encanta la gente que me encuentro de noche, bailando. Cruzarme siempre con la misma gente a la que no conozco, me encanta. Me encanta que Santiago sea tan ciudad como pueblo, estar a diez minutos caminando de mis lugares y personas favorit@s. Su olor tras unos días de lluvia intensos, su color al anochecer, su calor veraniego. Me encanta vestirme de tres estaciones distintas en un sólo día. Estar lejos de ella y necesitarla, que mi piel se seque y mi nariz sangre de morriña compostelana, ¡eso sí es magia! Mi cuerpo echa de menos su ciudad y acaba contagiándome.

Me gusta mi casa, mi calle, el bar de abajo, tener dos parques al lado, tenerlo todo a mano. Estar a dos minutos de la frutería, del ultramarinos, del banco, de la farmacia, de la estación, del estanco. Me gusta mi barrio. Me gusta mi ciudad, Santiago.


 

Namoro deste lugar e das súas formas.

Das súas cores, o seu son e o seu aroma.

Levo á súa xente, ao noso idioma,

aos seus sabores e á nosa historia

dentro de min, ben dentro,

nese oco só seu, na memoria.


 

Me enamoro de este lugar y de sus formas.

De sus colores, su sonido y su aroma.

Llevo su gente, nuestro idioma,

sus sabores y nuestra historia

dentro de mí, bien adentro,

en ese hueco sólo suyo, en la memoria.

 

¿Por qué no escribes un blog?

Escrito por otractrizenparo 06-11-2017 en actriz. Comentarios (0)

Me llamo Sheyla y soy muchas 'cosas' pero profesional, fundamental y afortunadamente soy actriz.

Actualmente en paro, lo que me proporciona tiempo para preguntarme una y otra vez qué hacer con mi vida. Una vez me respondí con esta pregunta, como buena gallega: 'Por qué no escribes un blog?'.

Y aquí estoy.

Dedico mis días a dormir (casi siempre mal), a pasear, ver series y películas, amar a mi gente, salir a desayunar/comer/cenar, cocinar, leer, tomar infusiones, preparar un proyecto personal secreto y muy emocionante, hablar por teléfono, mirar una y otra vez las redes sociales, visitar a mi familia, inmiscuirme en debates, hacer stories de Instagram con mi amigo Guille, buscar pisos o chorradas varias en Wallapop, buscar carreras que pueda hacer y me den trabajo fijo... Hay que llenar 24 horas cada día y, de momento, lo consigo. Y muy bien, por cierto. De momento, hasta que el Inem deje de pagarme y empiece a tener ataques de ansiedad.

Es lunes, me he levantado tarde y me he quedado en el sofá desayunando y viendo el sol entrar por la ventana. Estoy absolutamente enamorada de la vida y ver puntitos de sol en el parquet de mi salón me emociona. Me gusta el sol y el calor, sentirlos de cualquier manera. Y, mientras, pienso. y me digo: HOY.

Hoy es lunes y cada lunes me propongo hacer cosas durante la semana, cojo mi agenda y escribo lo que debo hacer cada día y luego voy tachando.


LUNES 6/11/2017

- Llamar abogado.
- DIETA.
- Preparar asamblea.
- Tola por el.

Es lunes día 6 y son las 12:39 de la mañana. He dormido hasta las 11 porque he pasado una noche terrible. Los trastornos de sueño serán uno de mis temas TOP.

Aún no he llamado al abogado porque Hacienda acaba de cobrarme 840€, así que hasta el día 10 que cobre el paro, no voy a poder pagarle. Una cosa sin hacer. 

La dieta la he respetado. Este punto nos va a dar mucho que hablar porque aparece en tooooodos mis días, pero se merece un post en sí mismo. De momento va bien porque es lunes y sólo he hecho desayuno y media mañana, en casa, claro. Veremos en cuanto empiecen a proponerme bajar a tomar algo o a cenar a casa de alguien... Mi cruz. Mi felicidad y mi tormento. Mi delito.

Con la asamblea me pongo ahorita mismo. Estoy en la Directiva de la AAAG y mañana tenemos reunión y me gustaría prepararla un poquito porque acabo de entrar y estoy un poco verde con respecto a mis compañer@s. Hay mucho que hacer y este año quiero poner mi granito de arena.

'Tola por el' (Loca por él) es un proyecto personal del que aún no puedo hablaros pero que me tiene enganchada y emocionada. Asustada, también, y pelín nerviosa. Sobre todo, por lo que soy, me tiene dudando todo el tiempo. Sí. No. Sí. No. Pero va a ser que sí. ¡Que nervios!

Ahora empieza mi lunes...

¡Bienvenid@s a mi mundo y hasta la próxima!